Llega un momento en la vida de todo cultivador apasionado en que comprar semillas, por mucha calidad que tengan, ya no es suficiente. La curiosidad por entender de dónde vienen esas genéticas, la ambición de crear algo propio o simplemente el deseo de autonomía total empujan a dar el siguiente paso: convertirse en breeder, en creador de variedades. Cruzar plantas para obtener semillas propias no es magia ni un secreto reservado para laboratorios. Es un proceso científico, sí, pero también artesanal, que cualquier cultivador con paciencia y dedicación puede aprender.
¿Por qué querrías hacer tus propias semillas?
Las razones para adentrarse en el mundo de la crianza son tan variadas como los cultivadores mismos. Para algunos, es la búsqueda de la autonomía total: dejar de depender de bancos de semillas y tener un banco propio, adaptado a tu espacio y tus gustos. Para otros, es la emoción de la creación: combinar el sabor de una variedad con la producción de otra, o buscar fijar un color, un aroma o un efecto determinado.
También hay una motivación profundamente práctica: la conservación. Si encuentras una planta excepcional, una "madre" que te ha regalado cosechas inolvidables, hacer semillas de ella (o cruzarla) es una forma de perpetuar su legado genético más allá de la vida de un esqueje. Y, por supuesto, está la dimensión comunitaria: compartir semillas con amigos, con tu club o con la red de cultivadores es un acto de soberanía genética que fortalece a toda la comunidad.
Para quienes desean profundizar en todos estos aspectos con una guía clara, práctica y adaptada a la realidad latinoamericana, el libro "Crianza de Cannabis: Cómo hacer semillas y cruzar genéticas", disponible en Tienda THC, es una herramienta fundamental. Escrito por Juan González Peña y editado por Revista THC, este manual de 111 páginas te lleva de la mano desde los conceptos básicos hasta técnicas avanzadas como la reversión sexual con STS.
Conceptos básicos: de la genética mendeliana a las nomenclaturas
Antes de llenarse las manos con polen, conviene entender algunos conceptos. La genética del cannabis sigue, en esencia, las leyes de Mendel. Cada carácter (color, altura, producción de resina) está influido por genes que pueden ser dominantes o recesivos. Cuando cruzas dos plantas, la descendencia (llamada F1, de "Filial 1") será una mezcla que suele mostrar el vigor del híbrido: plantas fuertes y uniformes.
Si cruzas dos hermanos de esa F1, obtienes la F2, y aquí la cosa se vuelve interesante: empiezan a aparecer variedad de fenotipos, algunos que se parecen a los abuelos, otros que son mezclas nuevas. Es en estas generaciones donde el breeder busca y selecciona.
Otros términos que escucharás:
BX (Backcross): Retro cruce. Se cruza una descendencia con uno de sus padres para fijar características de ese parental.
S1, S2: Semillas obtenidas por autopolinización de una planta hembra (forzándola a producir polen feminizado).
Fenotipo: Las características observables de una planta (su aspecto, olor, sabor), resultado de la interacción entre su genotipo y el ambiente.
Dominar esta nomenclatura es el primer paso para entender lo que estás haciendo y, sobre todo, para poder comunicar y reproducir tus logros.
Selección de padres: la importancia de elegir bien
El éxito de un cruce depende, en un 90%, de la elección de los progenitores. No se trata de juntar dos plantas al azar y esperar magia. Hay que definir primero qué se busca: ¿más producción? ¿un sabor concreto? ¿resistencia a hongos? ¿un color púrpura? Cada objetivo guiará la selección.
Para la madre (la planta que recibirá el polen y producirá las semillas), se buscan las mejores flores: las más resinosas, las de aroma más complejo, la estructura de cogollo deseada. Para el padre (la planta que aporta el polen), el error común es descuidarlo. Un buen padre debe ser igual de vigoroso y tener las características que queremos introducir, aunque no produzca cogollos. Hay que observar su estructura, su resistencia, su olor (sí, los machos también huelen) y, si es posible, su comportamiento en generaciones anteriores.
Una técnica avanzada es el testeo de progenie: cultivar algunas semillas del padre candidato para ver qué características transmite a su descendencia. Esto requiere espacio y tiempo, pero es la única forma de saber realmente lo que uno tiene entre manos.
Técnicas de polinización: cómo hacer el cruce
Llegó el momento. Hay dos aproximaciones principales: la polinización controlada y la polinización masiva.
Polinización controlada: Es la más precisa. Se selecciona una o varias ramas de la planta madre y se aíslan en una bolsa o jaula antes de que los pistilos estén receptivos. Se recolecta polen del padre (cuando sus flores amarillas se abren) y se aplica con un pincel fino sobre los pistilos de la rama seleccionada. Luego se vuelve a aislar la rama para evitar contaminación. El resto de la planta queda libre de polen y producirá cogollos sin semillas, mientras que la rama polinizada los desarrollará. Es la técnica de los criadores serios.
Polinización masiva: Consiste en poner un macho en la misma sala que las hembras y dejar que la naturaleza siga su curso. Es más sencilla, pero el resultado es que toda la cosecha se llenará de semillas, y no sabrás exactamente qué padre polinizó a qué madre si hay varios. Sirve para producir grandes cantidades de semilla de un cruce controlado si se hace con una sola pareja en un espacio aislado.
Un detalle crucial: el polen es muy volátil y viaja por el aire. Si no quieres que tus plantas vecinas se llenen de semillas, aísla el padre en un espacio completamente separado (otra habitación, un armario sellado) o utiliza las técnicas de aislamiento de ramas.
Reversión sexual: cómo hacer semillas feminizadas sin machos
Una de las técnicas más fascinantes y útiles para el breeder doméstico es la reversión sexual. Consiste en inducir a una planta hembra a producir flores masculinas (polen) mediante estresores químicos, generalmente tiosulfato de plata (STS) o colodión de plata. Este polen, al ser de una hembra, porta solo cromosomas X. Cuando fecunda a otra hembra (o a ella misma), toda la descendencia será también hembra. Así se crean las semillas feminizadas.
El proceso es delicado: hay que aplicar la solución STS a una planta seleccionada durante las primeras semanas de floración, y esperar a que desarrolle sacos de polen viables. La planta tratada no se debe fumar (la plata es tóxica), y hay que extremar el aislamiento. Pero dominar esta técnica otorga un poder inmenso: puedes feminizar cualquier genética que te guste.
El libro "Crianza de Cannabis" dedica un anexo especial a explicar paso a paso cómo preparar y aplicar STS de forma segura y efectiva, evitando los errores más comunes que llevan al fracaso.
Cosecha, secado y conservación de semillas
Una vez que las semillas están maduras (generalmente entre 4 y 6 semanas después de la polinización), la planta madre se cosecha. Las semillas se extraen de los cogollos secos. Un buen consejo: no intentes sacarlas en verde, es más fácil cuando la flor está seca y quebradiza.
Las semillas recién cosechadas tienen cierta humedad interna. Lo ideal es dejarlas secar a temperatura ambiente, en un lugar oscuro y con buena ventilación, durante una o dos semanas, extendidas sobre un papel o un plato. Luego, se guardan en un lugar fresco, oscuro y seco. Un sobre de papel dentro de un frasco de vidrio con sílice gel (para controlar la humedad) es una excelente opción. En buenas condiciones, las semillas pueden ser viables durante años.
Una semilla de calidad debe ser dura, de color marrón oscuro o atigrada, y con un tamaño uniforme. Las semillas verdes o blancas no han madurado bien y es probable que no germinen.
Del cultivador al breeder: un camino de paciencia y aprendizaje
Convertirse en breeder no es algo que se logre en un ciclo. Es un camino de observación, paciencia y, sobre todo, de aprendizaje continuo. Cada cruce es un experimento, cada generación una lección. Llevar un diario de crianza es fundamental: anotar qué se cruzó con qué, cuándo, cómo fueron los padres, qué se observa en la descendencia. Sin registros, es imposible repetir un éxito o entender un fracaso.
La comunidad es otro pilar. Compartir experiencias con otros cultivadores, intercambiar semillas y conocimientos, enriquece el proceso y acelera la curva de aprendizaje. En Argentina, la escena de criadores locales está en pleno auge, y variedades como la Choco OG que analizamos anteriormente son prueba del talento nacional.
Para quienes deseen emprender este viaje con una base sólida, la literatura especializada es indispensable. En la sección de libros de Tienda THC puedes encontrar títulos fundamentales que abarcan desde el cultivo básico hasta la genética avanzada, todos ellos pensados para el público hispanohablante y con envío a todo el país.
Preguntas frecuentes sobre cómo hacer semillas y cruzar genéticas
¿Es difícil hacer tus propias semillas?
No es intrínsecamente difícil, pero requiere aprendizaje y atención al detalle. La naturaleza poliniza plantas desde siempre. Lo difícil es hacerlo de forma controlada para obtener resultados predecibles y de calidad. Con una buena guía y paciencia, cualquier cultivador puede lograrlo.
¿Puedo hacer semillas con las plantas que ya cultivo sin arruinar mi cosecha?
Sí, utilizando la polinización controlada en una sola rama. El resto de la planta, si está aislada del polen, producirá cogollos sin semillas con normalidad. Eso sí, la rama polinizada dedicará su energía a hacer semillas, no cogollos de calidad.
¿Las semillas caseras tienen la misma calidad que las de los bancos?
Pueden tenerla si has partido de excelentes genéticas y has hecho una buena selección. La diferencia es que los bancos profesionales hacen un trabajo de estabilización y testeo mucho más largo (años) para asegurar uniformidad. Tus semillas caseras pueden ser increíbles, pero probablemente mostrarán más variabilidad entre plantas.
¿Qué es una "madre" y por qué es importante para la crianza?
Una madre es una planta seleccionada por sus excelentes características que se mantiene en estado vegetativo de forma permanente (mediante esquejes) para ser utilizada como donante de clones o como progenitora en cruces. Es la forma de preservar una genética excepcional sin tener que cultivar esa planta desde semilla cada vez.
¿Necesito un laboratorio para hacer crianza seria?
No. Si bien los laboratorios de análisis (para cannabinoides, terpenos) son herramientas de lujo, la crianza tradicional se basa en la observación, la selección visual y organoléptica, y el testeo de progenie. Tu nariz, tus ojos y tu criterio (y el de tus amigos catadores) son herramientas poderosísimas. El conocimiento, no la tecnología, es el recurso más valioso.
¿Dónde puedo aprender más sobre este tema de forma estructurada?
Además de los recursos online y las comunidades, contar con un libro de referencia es clave. "Crianza de Cannabis: Cómo hacer semillas y cruzar genéticas" está específicamente diseñado para el público hispanohablante, con un enfoque práctico y adaptado a las posibilidades reales del cultivador doméstico.
Hacer tus propias semillas y cruzar genéticas es el paso definitivo en el viaje de cualquier apasionado del cannabis. Es pasar de ser un consumidor o un cultivador a ser un creador. Es tomar las riendas de la genética, contribuir a la diversidad y, en última instancia, ejercer una forma profunda de soberanía sobre tu propia planta. No es un camino rápido, pero cada semilla que germina y cada nueva planta que muestra un rasgo inesperado son pequeñas victorias que recompensan con creces el esfuerzo. La próxima gran variedad argentina puede estar esperando en tu próximo cruce.
