Una de las primeras decisiones que todo cultivador de cannabis debe tomar, después de animarse a plantar, es qué tipo de semilla va a utilizar. Y en ese momento aparece una pregunta que puede generar dudas incluso entre quienes ya tienen algo de experiencia: ¿es mejor una semilla autofloreciente o una feminizada? No se trata de cuál es superior en términos absolutos, porque ambas tienen virtudes y limitaciones muy claras. La clave está en entender las diferencias y saber cuál se adapta mejor a cada espacio, a cada calendario y a cada objetivo de cultivo. En esta guía analizamos a fondo las características de cada tipo para que puedas tomar una decisión informada y, sobre todo, acertada.
¿Qué son exactamente las semillas feminizadas?
Para entender la diferencia, primero hay que comprender qué significa cada concepto. Las semillas feminizadas son aquellas que han sido creadas genéticamente para eliminar la posibilidad de que nazcan plantas macho. En condiciones naturales, una semilla regular tiene aproximadamente un 50% de probabilidades de ser macho, y los machos no producen cogollos (sino polen). Las feminizadas resuelven este problema de raíz: prácticamente el 100% de las plantas que brotan serán hembras, las únicas que generan las flores que todos buscamos.
Estas semillas son fotoperiódicas, lo que significa que su ciclo de vida está gobernado por las horas de luz que reciben. Pasarán todo el tiempo que el cultivador decida en fase de crecimiento vegetativo mientras reciban más de 12-14 horas de luz diarias. Cuando se reduce el fotoperiodo (a 12 horas de luz o menos), la planta interpreta que el invierno se acerca y desencadena la floración. Esto le da al cultivador un control total sobre el tamaño y el momento de la cosecha.
En Tienda THC puedes encontrar una amplia variedad de semillas feminizadas de la más alta calidad, todas ellas legales y aprobadas por el INASE, listas para ser enviadas a tu domicilio con discreción y seguridad.
¿Y qué son las semillas autoflorecientes?
Por otro lado, las semillas autoflorecientes contienen genética de Cannabis ruderalis, una subespecie que crece en regiones con veranos cortos y fríos, como Siberia. La ruderalis desarrolló una capacidad única: florece automáticamente por edad, no por cambios en la luz. Esto significa que, independientemente del fotoperiodo al que esté expuesta, la planta comenzará a florecer cuando alcance una determinada madurez, generalmente entre las 3 y 5 semanas de vida.
Esta característica las hace extremadamente rápidas. Desde que la semilla germina hasta la cosecha pueden pasar tan solo 70-80 días en las variedades más veloces. Su tamaño suele ser más compacto, lo que las hace ideales para espacios reducidos o cultivos discretos. Sin embargo, al no poder controlar su fase vegetativa, la producción por planta suele ser menor que en las fotoperiódicas, y no se pueden aplicar técnicas que requieran largos periodos de crecimiento, como el main-lining o los SCROG muy grandes.
Diferencias clave en el ciclo de vida y la planificación
La diferencia fundamental, y de la que derivan casi todas las demás, es el control sobre el ciclo. Con las feminizadas fotoperiódicas, el cultivador es el dueño del tiempo. Puedes mantener una planta en vegetativo durante meses si quieres que alcance un tamaño gigantesco antes de florecer. Esto es ideal para quienes buscan maximizar la producción en exterior o en interiores con espacio vertical.
Con las autoflorecientes, el tiempo lo impone la genética. La planta tiene un "reloj interno" que no se puede detener. Esto tiene una gran ventaja: permiten programar varias cosechas en un mismo año, especialmente en exterior. En un clima templado, se pueden hacer dos o incluso tres ciclos de autoflorecientes en la misma temporada. Pero también implica que cualquier error durante el crecimiento (una plaga, una deficiencia, un trasplante mal hecho) se paga caro, porque la planta no esperará: florecerá igual, pero con menos desarrollo.
Diferencias en el tamaño, la producción y la potencia
En términos generales, las feminizadas fotoperiódicas suelen producir plantas más grandes y, por tanto, cosechas más abundantes por unidad. Una fotoperiódica bien cuidada en exterior puede convertirse en un arbusto de dos metros que rinda más de medio kilo. Además, al poder controlar la fase vegetativa, se pueden aplicar técnicas de entrenamiento que maximicen aún más la producción.
Las autoflorecientes, por su corto ciclo, tienen menos tiempo para acumular biomasa. Su tamaño suele ser más contenido (entre 40 y 100 cm), y la producción por planta oscila entre 20 y 100 gramos en condiciones óptimas. En cuanto a potencia, durante años las autoflorecientes tuvieron fama de ser más suaves. Eso ya no es cierto: la genética ha avanzado muchísimo, y hoy existen autoflorecientes con niveles de THC superiores al 20%, comparables a las mejores fotoperiódicas. Sin embargo, el promedio general de THC sigue siendo ligeramente inferior en las automáticas, aunque la brecha se acorta cada año.
Diferencias en la complejidad del cultivo y la tolerancia a errores
Aquí hay un punto interesante. Para un principiante absoluto, las autoflorecientes pueden parecer más fáciles porque no hay que preocuparse por los ciclos de luz. Pero también son menos tolerantes a los errores. Al tener un ciclo tan corto y rígido, cualquier estrés (un trasplante, un exceso de riego, una carencia) puede frenar su desarrollo de forma irreversible, y la cosecha se resentirá.
Las feminizadas fotoperiódicas, al tener una fase vegetativa extensible, permiten al cultivador cometer errores y recuperarse. Si una planta sufre un contratiempo, se puede alargar el vegetativo una semana más para que se recupere antes de inducir la floración. Esto las convierte, paradójicamente, en una opción más "permisiva" para quien está aprendiendo, siempre que se maneje bien el tema de la luz. Además, en interior, el control del fotoperiodo (18/6 para vegetar, 12/12 para florecer) es sencillo de entender y aplicar.
¿Cuál elegir según tu espacio, tiempo y objetivo?
No hay una respuesta única, pero sí preguntas que puedes hacerte para decidir:
Elige semillas feminizadas fotoperiódicas si:
- Buscas la máxima producción por planta, especialmente en exterior.
- Quieres tener control total sobre el tamaño y el momento de la cosecha.
- Planeas aplicar técnicas avanzadas como SCROG, SOG, main-lining o podas agresivas.
- Cultivas en interior y puedes manejar dos ciclos de luz diferentes (vegetativo/floración).
- Tu clima exterior tiene estaciones bien marcadas y puedes aprovechar el verano para plantas grandes.
Elige semillas autoflorecientes si:
- Tu espacio es muy reducido o necesitas plantas muy discretas.
- Quieres cosechas rápidas y poder hacer varios ciclos al año (por ejemplo, en un balcón).
- Cultivas en exterior pero tu temporada de buen tiempo es corta (por ejemplo, en el sur).
- No puedes o no quieres complicarte con cambios de fotoperiodo (por ejemplo, en una ventana con luz natural variable).
- Buscas un cultivo "en piloto automático" donde la planta haga su ciclo sola.
Lo que debes saber sobre el marco legal en Argentina
Tanto las semillas feminizadas como las autoflorecientes son legales en Argentina para su compra, venta y posesión, siempre que se cumplan ciertos requisitos. La Ley 27.350 de Cannabis Medicinal y su decreto reglamentario, junto con la inscripción en el REPROCANN, habilitan a los ciudadanos a cultivar hasta nueve plantas en floración.
Las semillas deben estar registradas en el INASE (Instituto Nacional de Semillas) y ser comercializadas por comercios expendedores inscriptos. Al adquirir tus semillas en un sitio como Tienda THC, estás dentro del marco legal, y el comprador declara estar habilitado según la normativa vigente. Es importante recordar que el REPROCANN es personal e intransferible, y es el documento que acredita tu derecho a cultivar.
Preguntas frecuentes sobre autoflorecientes y feminizadas
¿Puedo cruzar una autofloreciente con una feminizada?
Sí, pero el resultado no es inmediato. Si cruzas una autofloreciente con una fotoperiódica, la descendencia (F1) será en su mayoría fotoperiódica. Habrá que hacer varias generaciones de selección para fijar el carácter autofloreciente. Es un trabajo de criador, no algo que se logre en un ciclo doméstico.
¿Las semillas feminizadas pueden volverse machos?
Es extremadamente raro, pero puede ocurrir por estrés extremo (hermafroditismo). Una planta feminizada sometida a condiciones muy adversas puede desarrollar flores macho para autopolinizarse y perpetuar la especie. Por eso es importante darles un entorno estable.
¿Las autoflorecientes necesitan menos luz que las fotoperiódicas?
No necesitan "menos luz", sino que su floración no depende de ella. De hecho, para maximizar su producción, lo ideal es darles muchas horas de luz (18-20 horas diarias) durante todo su ciclo. Responden muy bien a la luz intensa y continua.
¿Cuál es mejor para extracciones?
Depende de la genética específica, no tanto del tipo. Hay autoflorecientes muy resinosas y fotoperiódicas que también lo son. En general, las fotoperiódicas suelen tener cogollos más densos y producir mayor biomasa total, lo que puede ser ventajoso para extracciones a gran escala. Pero una autofloreciente de alta calidad genética puede dar un rendimiento en resina excelente.
¿Puedo cultivar autoflorecientes en interior junto con fotoperiódicas?
Sí, se puede, pero con cuidado. Las autoflorecientes necesitan muchos más horas de luz (18-20) que las fotoperiódicas en floración (12). Si pones una auto en una sala con 12 horas de luz, producirá menos porque no aprovecha su máximo potencial. Lo ideal es tener espacios separados o programar los ciclos para que las autos estén en las últimas semanas cuando las fotos aún vegetan con 18 horas.
La elección entre semillas autoflorecientes y feminizadas no es una cuestión de moda, sino de estrategia. Ambas tienen un lugar legítimo en el jardín de cualquier cultivador, y muchas veces la decisión correcta es... tener de las dos. Las fotoperiódicas para la cosecha principal del año, las automáticas para llenar espacios, experimentar o asegurar varias cosechas. Lo importante es conocer sus diferencias, respetar sus necesidades y, sobre todo, disfrutar del proceso de ver crecer una planta desde que es una pequeña semilla hasta que regala sus frutos. Al final, la mejor genética es la que se adapta a tu vida, a tu espacio y a tu forma de entender este apasionante mundo del cultivo.
